Director General: Emilio Gregorio Luis Cerdio   email: noticias@soconusco.net   Revista Quincenal  Tapachula, Chiapas, México.


Número 22                                      1a. quincena de julio 2006.

Propuesta para el manejo del Niño con Obeso-Inflamación.
(Parte I)
 

Aunque la propuesta para controlar esta Inflamación silenciosa que precede a la Obesidad tiene que ser integral, es decir, multi-terapéutica y multidisciplinaria, en este capítulo, nos referiremos exclusivamente a uno de los mejores moduladores de la obesidad é inflamación, que puede estar al alcance de nuestra siguiente comida.

El programa de la Zona fue diseñado para revertir esta inflamación reduciendo la sobre producción de Eicosanoides pro-inflamatorios. Esto, sólo es posible a través de reducir el exceso de grasa corporal visceral (uno de los principales promotores de la inflamación) y reduciendo los niveles elevados de insulina (el principal mediador de la producción de AA en la sangre)

Reducir la ingesta de AA directa resulta algo muy fácil solo evitando yemas de huevo, carnes rojas y grasosas en exceso. Así, evitar el camino directo de la inflamación y la obesidad pero el camino indirecto resulta ser aún más difícil. Tratar de reducir el AA a través de disminuir la sobre actividad de la enzima 5 delta desaturasa, es aún más interesante y todo un gran reto porque aquí es donde para ello necesitaremos controlar la Hiperinsulinemia que han generado nuestras dietas altas carga Glucémica recomendadas en los últimos 20 años.

El mejor camino para perder exceso de grasa corporal y reducir la inflamación silenciosa es simplemente comer menos calorías. Esto resulta increíblemente difícil si nos sentimos continuamente "hambrientos", y aquí encontramos una extraña paradoja a considerar: Mientras más calorías consumimos, mas "hambre"sentimos. Ésta paradoja no nos resultaría tan extraña si realmente supiéramos que nos provoca dicha sensación de" hambre".....bajos niveles de azúcar en la sangre. El cerebro necesita cierta cantidad de glucosa (azúcar sanguínea) como combustible para sí mismo; es un tragón de glucosa. De hecho, el cerebro utiliza el 70% de nuestra glucosa sanguínea a pesar de que es solo el 3% de nuestro peso.

Cuando nuestros niveles de azúcar caen, nuestro cerebro empieza a desafinar, y nos encontramos confusos, irritables y se incrementa la sensación de "Hambre". (Esto es lo que les está sucediendo a nuestros chicos en la escuela. Cualesquiera que sean los síntomas, hemos aprendido a automedicarnos en esta caída de glucosa, comiendo más carbohidratos, especialmente barras de dulce, botanas de maíz, bebidas azucaradas y rápidamente, estos entran al torrente sanguíneo en forma de glucosa. Una vez que esto sucede, nos sentimos mejor y nuestro cerebro recibió toda la glucosa que buscaba desesperadamente. Lo que no nos imaginamos, es que nos encontraremos en 2 hrs. en otra crisis de hipoglucemia postpandrial, ya que los mismos carbohidratos que rápidamente incrementaron nuestra glucosa sanguínea, también causaron una rápida elevación de insulina en la sangre, con la consiguiente hipoglucemia mencionada. Los excesos de insulina te hacen gordo y te mantienen gordo (la insulina inhibe la acción de la enzima lipasa sensible, misma que libera los Ácidos Grasos del adiposito para ser utilizados como fuente de energía), pero, por otra parte, la insulina también estimula la enzima lipoproteinlipasa, responsable de incrementar el ingreso de Ácidos grasos libres al almacenamiento en el adiposito. En pocas palabras, manteniendo la insulina elevada en la sangre nuestros niños escolares se mantendrán engordando, hambrientos y no podrán utilizar la grasa como fuente de energía principalmente.

Después de esto, asumiríamos que si nuestro cerebro necesita una constante suplencia de azúcar sanguínea para su función, entonces necesitaríamos alimentarnos todo el día sólo con carbohidratos. Pero aquí es donde entra el balance delicado de insulina y glucagón.

Éstas dos hormonas, trabajan orquestadamente para mantenernos sin hambre. La insulina introduce la glucosa al interior de las células hepáticas, para poder ser usadas en un futuro, y el glucagón, libera esta glucosa cuando el cerebro la necesita. Los carbohidratos estimulan la insulina y las proteínas de origen animal, el glucagón. Cuando estas dos hormonas están en balance a partir de una dieta equilibrada en el rango proteínas / hidratos de carbono de 0.75, mantendremos controlada el "hambre" como demostró en el estudio con niños y adolescentes de Harvard por el Dr. Ludwig. En estos estudios quedó demostrado que en 4 hrs. usando este rango de proteínas e hidratos de carbono, se logra disminuir la insulina en 50% y en la siguiente comida los chicos consumieron menos calorías. En esto estudios, el Dr. Ludwig utiliza carbohidratos de baja carga Glucémica también. Quizá a esto se deba el éxito obtenido a través de las dietas de baja carga Glucémica publicados recientemente en revistas de investigación científica seria.