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ME HE DE COMER ESA TUNA,
AUNQUE ME ESPINE LA MANO.
Antes de los años 80s durante el siglo pasado, el matrimonio
era un acto solemne y obligado entre las familias mexicanas. Lo
habitual era trabajar para comprarle a su prometida un vestido
blanco de novia que significaba castidad y fidelidad; las dos
familias se unían para celebrar una gran fiesta en honor de
dicho evento. En el Soconusco por ejemplo; en las comunidades
rurales al novio se le exigía un puerco o una vaca para la
fiesta, se buscaba padrino de todo, no faltando el de licor o
cerveza. En las zonas urbanas no era la excepción, si las
familias de los novios eran ricos pagaban el viaje de luna de
miel, los muebles o los inmuebles para vivir.
Recordamos en el ámbito nacional, los temas del cine de los 40s;
el machismo de los actores como Pedro Infante, Jorge Negrete,
Tito Guizar etc., se resaltaba el enamoramiento a la dama, la
rebeldía, la intriga y la infidelidad o celos de los actores
principales que terminaban con la boda por la iglesia, como
haciendo gala de las tradiciones de nuestro México. Recuerdo que
el cine era tan cuidadoso que cuando se enfocaba una escena no
apta, se interrumpía con rayos y truenos.
En las canciones vernáculas se resaltaba el amor por la mujer,
canciones como “amorcito corazón” o “me he de comer esa tuna
aunque me espine la mano”, son ejemplo de ello.
Los años transcurrieron y las modas cambiaron. Al comienzo de
los 50s y parte de los 60s, las expresiones de antivalores
tomaron fuerza como la de la mujer de la calle o la de una mujer
que por la pérdida de la virginidad tenía que sufrir maltrato y
explotación.
En estos años de lucha muchas mujeres ingresan a la universidad
y se equiparan sus derechos a los del hombre. A fines de los 60s
y principios de los 70s aumentan los espacios laborales ocupados
por las mujeres en la zona urbana.
Para los años 80s la figura del matrimonio y la perpetuación de
la especie se va perdiendo; muy pocas familias conservan esta
tradición hasta nuestros días donde las parejas prefieren la
unión libre y en ocasiones temporalmente, comparten los gastos
de la casa y si la situación no es viable para ambas partes se
separan y punto. Cuando se llegan a solidarizar, con los años
perfeccionan dicha unión con un matrimonio civil y ya no es
obligatorio entonces el matrimonio religioso.
Para usted lector; ¿Cuál opción es mejor?, ¿casarse o unirse
libremente? Muchos opinan que el divorcio cuesta mucho tiempo y
dinero, otros prefieren el amor libre o simplemente les resulta
más cómodo. Por otro lado, hoy luchan más por el reconocimiento
del matrimonio las comunidades lésbico - gay que la
heterosexual.
En suma, en esta aldea global el hombre de este milenio es más
práctico y menos sedentario en sus proyectos y propósitos; en su
andar se ama tanto a sí mismo que la prioridad es el éxito
personal o profesional y que lo retroalimenta o son solo
frankenstein modernos… ¿usted que opina? |