Director General: Emilio Gregorio Luis Cerdio   email: noticias@soconusco.net   Revista Quincenal  Tapachula, Chiapas, México.


Número 22                                      1a. quincena de julio 2006.

 

ME HE DE COMER ESA TUNA, AUNQUE ME ESPINE LA MANO.


Antes de los años 80s durante el siglo pasado, el matrimonio era un acto solemne y obligado entre las familias mexicanas. Lo habitual era trabajar para comprarle a su prometida un vestido blanco de novia que significaba castidad y fidelidad; las dos familias se unían para celebrar una gran fiesta en honor de dicho evento. En el Soconusco por ejemplo; en las comunidades rurales al novio se le exigía un puerco o una vaca para la fiesta, se buscaba padrino de todo, no faltando el de licor o cerveza. En las zonas urbanas no era la excepción, si las familias de los novios eran ricos pagaban el viaje de luna de miel, los muebles o los inmuebles para vivir.

Recordamos en el ámbito nacional, los temas del cine de los 40s; el machismo de los actores como Pedro Infante, Jorge Negrete, Tito Guizar etc., se resaltaba el enamoramiento a la dama, la rebeldía, la intriga y la infidelidad o celos de los actores principales que terminaban con la boda por la iglesia, como haciendo gala de las tradiciones de nuestro México. Recuerdo que el cine era tan cuidadoso que cuando se enfocaba una escena no apta, se interrumpía con rayos y truenos.

En las canciones vernáculas se resaltaba el amor por la mujer, canciones como “amorcito corazón” o “me he de comer esa tuna aunque me espine la mano”, son ejemplo de ello.

Los años transcurrieron y las modas cambiaron. Al comienzo de los 50s y parte de los 60s, las expresiones de antivalores tomaron fuerza como la de la mujer de la calle o la de una mujer que por la pérdida de la virginidad tenía que sufrir maltrato y explotación.

En estos años de lucha muchas mujeres ingresan a la universidad y se equiparan sus derechos a los del hombre. A fines de los 60s y principios de los 70s aumentan los espacios laborales ocupados por las mujeres en la zona urbana.

Para los años 80s la figura del matrimonio y la perpetuación de la especie se va perdiendo; muy pocas familias conservan esta tradición hasta nuestros días donde las parejas prefieren la unión libre y en ocasiones temporalmente, comparten los gastos de la casa y si la situación no es viable para ambas partes se separan y punto. Cuando se llegan a solidarizar, con los años perfeccionan dicha unión con un matrimonio civil y ya no es obligatorio entonces el matrimonio religioso.

Para usted lector; ¿Cuál opción es mejor?, ¿casarse o unirse libremente? Muchos opinan que el divorcio cuesta mucho tiempo y dinero, otros prefieren el amor libre o simplemente les resulta más cómodo. Por otro lado, hoy luchan más por el reconocimiento del matrimonio las comunidades lésbico - gay que la heterosexual.

En suma, en esta aldea global el hombre de este milenio es más práctico y menos sedentario en sus proyectos y propósitos; en su andar se ama tanto a sí mismo que la prioridad es el éxito personal o profesional y que lo retroalimenta o son solo frankenstein modernos… ¿usted que opina?