En mis entrañas correrá la savia
elaborándose con dulce olor,
vigorosa raíz buscará el agua
trémulas ramas buscarán el sol.
Mira las hojas y sus nervaduras
alza la cabeza y aspira ese olor
de tantas flores de belleza pura
púrpura y alba o cualquier otro color.
Sube a mirar en lo alto de una sima,
montañas y selvas de bello verdor
floresta que al viento murmulla y rima
floresta que reverbera al calor.
Atraigo el agua que tu cuerpo toma
agua de lluvia que riega el maizal
hortaliza y grano para que coma
todo ser humano y el reino animal.
Puedo regalarte un par de mis ramas
como una parte de la esencia mía
y construyes tus sillas, mesa y cama
o haces un fuego para tu comida.
Ya no mates las aves y otros pájaros
cuando a mi copa llegan a posar,
mi follaje quedará mustio y avaro
por la falta de béllido trinar
Ni tampoco asesines con encono
a exquisitos animales silvestres
su detritus me sirve bien de abono
y así el ramaje crece y crece.
En las noches que para ti es un mito
elaboro tu aire con sutil ciencia
luego en la aurora, como diario rito
expelo la razón de tu existencia.
Es la fotosíntesis de mis hojas
fenómeno bello que nunca miras,
me trago el bióxido que arrojas
te dono el oxígeno que respiras.
Pero si tú con ruines machetazos
mi piel-corteza logras desgajar,
desmochando mis ramas que son brazos
mi savia lloraré por tu maldad.
Y cuando tú logras que se desplome
mi hercúleo cuerpo, de gigante bueno
que para tí ningún perdón se asome
¡y el cielo te aniquile con sus truenos!
Réprobo hombre, por favor no me tales,
no cortes mi tronco por tu sadismo,
al usar tus equipos infernales
¡es como matar a tu cuerpo mismo!
Y no hagas de mi preciosa madera
ornato y lujo como usanza cruel,
cortar los árboles de vil manera
¡es quitarle a nuestro mundo su piel!
Y si acaso vives de la madera,
por un árbol cortado siembra cien
este digno abono es como si fuera
¡unico tributo al árbol del bien!
Carlos Rodriguez Sumuano