Tenía los
ojos tan hundidos,
totalmente blanca la cabeza,
en su cara los pliegues hundidos,
tan vieja pero con entereza.
Con sus cosas, limpia y delicada,
poseía un carácter tan recio
que huían de buenas regañadas
los perezosos y todo necio.
Temprano regaba sus macetas
cultivaba rosas y argentinas,
insectos causaban su rabieta,
que comían flor alabastrina
Preparaba con panela o mieles,
manjar o dulce de mango y coco,
sobre los albeados manteles
con sus bordados de rostro tropos.
Me dio los azotes y regaños,
pero también esa letra varia,
mi cuerpo soportó aquellos daños
pero obtuve elección literaria.