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La economía según Juan Pueblo:
Para nosotros los pobres mortales, nos es
difícil comprender lo que quieren decir las diferentes
corrientes filosóficas, políticas y económicas cuando se
refieren a la distribución de la riqueza que genera un país
determinado, durante el gobierno de tal o cual sistema en turno.
Así nos hablan de izquierda y de derecha o del centro, o una
combinación de ambas, nos dicen que son comunistas, socialistas,
demócratas, socialdemócratas, liberales o neoliberales.
Todos estos sistemas que de alguna manera rigen nuestros
destinos hacia la equidad o hacia la desigualdad en el modo de
vida; de una u otra forma a través del tiempo en muchos países
han tenido éxitos o fracasos, pero en definitiva no han logrado
alcanzar los objetivos que se trazaron de manera total y
congruente con lo que pregonan. El punto central de todo esto es
el egoísmo, la ambición y la avaricia del hombre.
Así monarquías, imperios, autocracias, teocracias y democracias
han llevado a sus pueblos a la pobreza y a la desaparición. Así
también la economía neoliberal y fundamentalmente aquella basada
en el capital, la mas grande, exitosa y rica, convive con una
importante mayoría oprimida por la segregación racial,
ampliamente explotada y fundamentalmente desigual. De otro modo
no se pueden comprender escuelas para ricos y otras para pobres,
servicios de salud acordes con el salario; ¡que va, que sea una
sociedad igualitaria!, que podemos decir de la sociedad
comunista o socialista, (igualdad para todos) donde se tuvo de
rehén a la conciencia y al esfuerzo propio; con la perestroika y
la caída del muro de Berlín, se acabaron los sueños de igualdad.
En nuestro pueblo, vamos de izquierda a derecha; estamos en las
primeras veinte economías del mundo; pero un poco más, un poco
menos del cincuenta porciento de la población ha sido despojada
del sustento, del cobijo y del trabajo.
La revolución industrial y el progreso en Inglaterra a finales
del siglo XVIII fue el comienzo del fin. Con ayuda de las
máquinas, ya no necesitaron de los brazos del hombre para
producir, se ahorró tiempo, dinero y esfuerzo ¡La maravilla!,
desgraciadamente la natalidad no ha disminuido como se quisiera
y para colmo la medicina ya no permite tanta mortalidad para
equilibrar los pocos trabajos y los muchos brazos que se
incorporan cada vez más a la oferta de empleo. En los países
ricos las argucias para ocupar a la gente como lo sucedido en
Francia de la iniciativa “del primer empleo”, los contratos por
hora o por obra, o los contratos de temporalidad así como las
fusiones de empresas y despidos masivos de trabajadores son
ejemplos de cómo hacer dinero a raudales, sin que por asomo se
vea la justicia y la igualdad.
Habrá que considerar con seriedad si las familias numerosas
podrán sobrevivir como antaño, o si esta forma de “amar” la vida
nos conviene para el futuro. Es claro a menos hijos, menos
gastos y más oportunidades, mejor sustento y mejor educación.
Debemos premiar a quien realiza este esfuerzo y no al revés.
También es cierto que hay que premiar a quien crea y da empleo,
porque hace que el “pastel” de la riqueza crezca (producto
interno bruto), sin embargo el estado rector debe promover las
“rebanadas” entre mas gente, y evitar la explotación de sus
gobernados.
Quitar por quitarle al rico no es justo ni deseable, pues se
ahuyenta a quien da de comer (llámese salarios, aguinaldos,
servicios de salud, infonavit e impuestos).
Los gobiernos no tienen dinero, no lo producen. Solo lo pueden
obtener vía impuestos y empréstitos a los bancos mundiales. Si
estos recursos se emplean en obra social (proyectos productivos
para la población, salud, educación, ciencia y tecnología,
ciudades saludables) es probable que vayamos por el camino
correcto.
En algunos países en vías de desarrollo habrá que llamar a
cuentas a quienes no cumplen lo que prometen (empleados en el
ejercicio publico) o que dispendian los recursos o de plano lo
esfuman como el más grande prestidigitador.
Las clases medias y las clases deprimidas pagan impuestos a su
manera en este país, al igual que muchos ricos; y cada vez más
hay que trabajar el doble y en algunos casos el triple para
vivir bien (aunque esto último requiere de un esclarecimiento
investigativo aparte).
Mientras más trabajas, más impuestos, menos tiempo de
esparcimiento y ocio (nada que ver con Jean-Paul Sartre). Las
clases necesitadas y no es casual, las más numerosas tendrán que
ser beneficiadas ad infinitum sino se logra un cambio de
filosofía y de política. No es saludable ni redituable tener más
pobres, como tampoco debe ser permisible tener más delincuentes
de cuello blanco, ya que los recursos disponibles en un país
así, nunca alcanzarán.
La riqueza de un país, debe ser construida no por el gobierno o
los dueños del dinero sino por todos los que deben trabajar,
cada quien en su trinchera, pero todos. No se debe continuar
exportando brazos al extranjero, como tampoco se debe quitar a
unos para darle a otros. El trabajo digno hace al hombre libre.
Juan Pueblo no puede comprender de todas estas cosas, él puede
percibir a través de los sentidos cuando solo puede dormir 5
horas para llegar temprano a su trabajo, cuando en su lonchera
solo observa una sopa de pasta, una torta con un pequeño trozo
de carne y un vaso de agua, cuando siente que le mordisquea el
estómago por el hambre, o cuando tiene que ponerse la misma ropa
que compró hace cinco años o cuando mete las manos en sus
bolsillos y solo alcanza a palpar unas cuantas monedas, pero le
faltan aun dos días para su próximo salario.
Ya no queremos saber si nuestro prometido candidato será de
izquierda o de derecha; eso sí, debe exigírsele trabajo y
compromiso con todos, ni con ricos o con pobres, al fin y al
cabo todos somos del mismo país.
¿No es un gran reto, esto de la economía?
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