Director General: Emilio Gregorio Luis Cerdio   email: noticias@soconusco.net   Revista Quincenal  Tapachula, Chiapas, México.


Número 20                                      20 de mayo de 2006.

 

La economía según Juan Pueblo:
 

Para nosotros los pobres mortales, nos es difícil comprender lo que quieren decir las diferentes corrientes filosóficas, políticas y económicas cuando se refieren a la distribución de la riqueza que genera un país determinado, durante el gobierno de tal o cual sistema en turno. Así nos hablan de izquierda y de derecha o del centro, o una combinación de ambas, nos dicen que son comunistas, socialistas, demócratas, socialdemócratas, liberales o neoliberales.
Todos estos sistemas que de alguna manera rigen nuestros destinos hacia la equidad o hacia la desigualdad en el modo de vida; de una u otra forma a través del tiempo en muchos países han tenido éxitos o fracasos, pero en definitiva no han logrado alcanzar los objetivos que se trazaron de manera total y congruente con lo que pregonan. El punto central de todo esto es el egoísmo, la ambición y la avaricia del hombre.
Así monarquías, imperios, autocracias, teocracias y democracias han llevado a sus pueblos a la pobreza y a la desaparición. Así también la economía neoliberal y fundamentalmente aquella basada en el capital, la mas grande, exitosa y rica, convive con una importante mayoría oprimida por la segregación racial, ampliamente explotada y fundamentalmente desigual. De otro modo no se pueden comprender escuelas para ricos y otras para pobres, servicios de salud acordes con el salario; ¡que va, que sea una sociedad igualitaria!, que podemos decir de la sociedad comunista o socialista, (igualdad para todos) donde se tuvo de rehén a la conciencia y al esfuerzo propio; con la perestroika y la caída del muro de Berlín, se acabaron los sueños de igualdad.
En nuestro pueblo, vamos de izquierda a derecha; estamos en las primeras veinte economías del mundo; pero un poco más, un poco menos del cincuenta porciento de la población ha sido despojada del sustento, del cobijo y del trabajo.
La revolución industrial y el progreso en Inglaterra a finales del siglo XVIII fue el comienzo del fin. Con ayuda de las máquinas, ya no necesitaron de los brazos del hombre para producir, se ahorró tiempo, dinero y esfuerzo ¡La maravilla!, desgraciadamente la natalidad no ha disminuido como se quisiera y para colmo la medicina ya no permite tanta mortalidad para equilibrar los pocos trabajos y los muchos brazos que se incorporan cada vez más a la oferta de empleo. En los países ricos las argucias para ocupar a la gente como lo sucedido en Francia de la iniciativa “del primer empleo”, los contratos por hora o por obra, o los contratos de temporalidad así como las fusiones de empresas y despidos masivos de trabajadores son ejemplos de cómo hacer dinero a raudales, sin que por asomo se vea la justicia y la igualdad.
Habrá que considerar con seriedad si las familias numerosas podrán sobrevivir como antaño, o si esta forma de “amar” la vida nos conviene para el futuro. Es claro a menos hijos, menos gastos y más oportunidades, mejor sustento y mejor educación. Debemos premiar a quien realiza este esfuerzo y no al revés.
También es cierto que hay que premiar a quien crea y da empleo, porque hace que el “pastel” de la riqueza crezca (producto interno bruto), sin embargo el estado rector debe promover las “rebanadas” entre mas gente, y evitar la explotación de sus gobernados.
Quitar por quitarle al rico no es justo ni deseable, pues se ahuyenta a quien da de comer (llámese salarios, aguinaldos, servicios de salud, infonavit e impuestos).
Los gobiernos no tienen dinero, no lo producen. Solo lo pueden obtener vía impuestos y empréstitos a los bancos mundiales. Si estos recursos se emplean en obra social (proyectos productivos para la población, salud, educación, ciencia y tecnología, ciudades saludables) es probable que vayamos por el camino correcto.
En algunos países en vías de desarrollo habrá que llamar a cuentas a quienes no cumplen lo que prometen (empleados en el ejercicio publico) o que dispendian los recursos o de plano lo esfuman como el más grande prestidigitador.
Las clases medias y las clases deprimidas pagan impuestos a su manera en este país, al igual que muchos ricos; y cada vez más hay que trabajar el doble y en algunos casos el triple para vivir bien (aunque esto último requiere de un esclarecimiento investigativo aparte).
Mientras más trabajas, más impuestos, menos tiempo de esparcimiento y ocio (nada que ver con Jean-Paul Sartre). Las clases necesitadas y no es casual, las más numerosas tendrán que ser beneficiadas ad infinitum sino se logra un cambio de filosofía y de política. No es saludable ni redituable tener más pobres, como tampoco debe ser permisible tener más delincuentes de cuello blanco, ya que los recursos disponibles en un país así, nunca alcanzarán.
La riqueza de un país, debe ser construida no por el gobierno o los dueños del dinero sino por todos los que deben trabajar, cada quien en su trinchera, pero todos. No se debe continuar exportando brazos al extranjero, como tampoco se debe quitar a unos para darle a otros. El trabajo digno hace al hombre libre.
Juan Pueblo no puede comprender de todas estas cosas, él puede percibir a través de los sentidos cuando solo puede dormir 5 horas para llegar temprano a su trabajo, cuando en su lonchera solo observa una sopa de pasta, una torta con un pequeño trozo de carne y un vaso de agua, cuando siente que le mordisquea el estómago por el hambre, o cuando tiene que ponerse la misma ropa que compró hace cinco años o cuando mete las manos en sus bolsillos y solo alcanza a palpar unas cuantas monedas, pero le faltan aun dos días para su próximo salario.
Ya no queremos saber si nuestro prometido candidato será de izquierda o de derecha; eso sí, debe exigírsele trabajo y compromiso con todos, ni con ricos o con pobres, al fin y al cabo todos somos del mismo país.

¿No es un gran reto, esto de la economía?