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DESARROLLO URBANO - ANHELADO Y REPRIMIDO
Nuestro mundo, al igual que los
pueblos sus culturas y nuestro medio ambiente se encuentra en
constante evolución. No podemos dejar de sorprendernos, cuanto
ha cambiado nuestro hábitat, nuestras costumbres y modo de vivir
si lo comparamos con respecto de las civilizaciones anteriores
en todo el orbe. Las cuevas y las chozas dan paso a los
fraccionamientos residenciales, edificios multifamiliares o
residenciales de lujo, los utensilios de cocina como el metate y
el molcajete dan su lugar a los molinos y licuadoras eléctricas,
las carretas tiradas por caballos o bueyes a los automóviles o
autobuses, la oscuridad a la luz eléctrica y el agua del río, al
agua potable. Los taparrabos hoy; pasando por las complejas
vestiduras del medioevo, o la época colonial española en nuestro
país, a las modernas vestiduras de algún diseñador famoso.
Hay una insaciable necesidad de
cambiar, de pasarla bien y disfrutar lo que la ciencia y la
tecnología han creado para nuestra comodidad. Lo que antes fue
un don universal para su disfrute; hoy, el paraíso natural se
está dañando como consecuencia de un modernismo mal entendido;
esto es la ecología, la salud del planeta.
Los países desarrollados y
otros no tanto ya muestran su preocupación ante este daño, e
inclusive sus leyes para la inversión productiva y desarrollo
exigen, no solo en su país, el establecimiento de normas
ecológicas que impacten en el medio ambiente y evitar a donde se
lleve el desarrollo industrial mayor deterioro de este; la
flora, la fauna el aire, el suelo y el agua están en juego.
Claro que no todos los que
habitamos este romántico planeta azul, están dispuestos a
tolerar estas nimiedades, si a cambio habrá desarrollo y muchas
ganancias económicas.
Por supuesto muchos de esos
inversionistas y promotores del desarrollo no vivirán cerca de
las chimeneas fabriles que inundarán el aire limpio con
descargas de polvos y gases tóxicos y otros que ayudarán a
sobrecalentar más el planeta que ya está haciéndose peligroso
soportar, las descargas residuales de venenos químicos al agua
también contribuyen como parte del desarrollo al subdesarrollo
de la vida misma tanto de especies vegetales y animales como la
del hombre.
Pero el desarrollo de un pueblo
parece inaplazable dentro de tanta inmovilidad, miseria, falta
de empleos y en si, lo más importante el desarrollo de las
capacidades humanas. No se puede concebir ni conciliar el hecho
de preparar a tantos jóvenes en escuelas, universidades, artes y
oficios para que al final emigren de braceros a labrar la tierra
y recoger los frutos en otros países, en lugar de hacerlo en los
lugares que los vio nacer.
En este lugar del Edén llamado
Tapachula, las normas ecológicas si existen, pero seguramente
las conocen muy pocos y no se fomentan, ni se respetan, ni se
penalizan lo suficiente y no se dan a conocer. Pero los
inversionistas, no solo reclaman dichas normas también requieren
de una infraestructura básica donde puedan asentarse y puedan
con justa razón obtener sus ganancias en forma honorable y
adecuada. La infraestructura significa polos de desarrollo
urbano, accesos urbanizados y con visión de futuro, no de pueblo
con calles angostas sin banquetas o muy pequeñas, sin agua y sin
luz, sin vías rápidas y sobre todo con imagen
urbana. Se sigue
construyendo “a un ladito” sin pensar en la necesidad de
parques y jardines, lugares de esparcimiento y prácticas
deportivas o de conocimiento y recreación. No hay arterias o
avenidas que desfoguen el lento y congestionado tránsito
vehicular de nuestra ciudad; como si estuviera predestinada a
unirse a los ranchos periféricos a fuerza del tiempo, y no por
fuerza de la planeación. Es urgente consultar a los urbanistas,
no a los “compadres”, para que se evalúe todo esto, antes de que
la ciudad siga creciendo de esta forma tan anárquica.
Los polos de desarrollo son
necesarios para esta ciudad, hay que jalar al comercio y a la
industria a otros sitios. Hay que regalarnos la sensación de
libertad y seguridad que nos ofrecen las banquetas anchas con
árboles o setos y con fuentes de agua sobre todo si tenemos una
ciudad tan calurosa.
Tapachula necesita desarrollo,
¿Dónde están aquellos que lo pueden hacer? La ciudad ya no podrá
crecer hacia el oriente por que un río la limita, sus puentes
angostos se han caído. Si alguna vez se reconstruirán, no se
sabe cuando.
Tapachula duerme todavía con un
solo parque de esparcimiento, su parque central, en
aproximadamente 80 años, no se ha podido construir otro. ¡Qué
terrible inmovilidad!
En fin, la infraestructura
urbana es apremiante. Los grandes inversionistas no vendrán a
poner sus centros comerciales donde hacen falta muchos de sus
requerimientos.
Es una verdadera pena, que a
pesar de necesitar y anhelar tanto el desarrollo, ahora que los
inversionistas vinieron, tengamos que sacrificar la poca
ecología urbana de la que gozamos. No hay otro lugar más
adecuado, tienen razón, así como también la tiene la ciudadanía
tapachulteca.
Hace unos días fui a nuestra
boyante capital de Chiapas, y me dio mucho gusto comprobar, su
acelerado desarrollo, con sus polos comerciales en franco
crecimiento y sus modernas y futuristas soluciones al tránsito
vehicular y sobre todo, la sensación de libertad en sus amplias
calles recién construidas.
Simplemente tienen lo que
quieren, y por ese solo hecho se lo merecen. Esto es tan
sencillo como sembrar la buena semilla y recoger un mejor
fruto.
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